viernes, 18 de junio de 2010

Huérfanos de portugués

Llevo horas rebuscando para intentar encontrar las palabras que don José Saramago se merecía, para rememorar aquella foto con él que me hicieron en otra vida que tuve, para recordar hasta qué punto se me encogió el pecho leyendo el Ensayo sobre la ceguera, lo que me fascinaba su figura y sus reflexiones... pero no las he encontrado, porque es imposible estar a la altura. Por eso le he cogido prestadas algunas de la miles que dejó...


Aquella noche el ciego soñó que estaba ciego.

… dijo rápidamente, Bien, gracias, sin duda la telefonista le había preguntado, Cómo está, doctor, es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.

Para siempre es siempre demasiado tiempo.

Eran las cuatro de la tarde, aunque, realmente, a un reloj le es igual, va de la una a las doce, lo demás son ideas de los humanos.

… sabe que los adjetivos no sirven para nada, si una persona mata a otra, por ejemplo, sería mejor enunciarlo así y confiar que el horror del acto, por sí solo, fuese tan impactante que nos liberase de decir que fue horrible, Quiere decir que tenemos sentimientos de menos, O los tenemos, pero dejamos de usar las palabras que los expresan, Y, en consecuencia los perdemos.

El pánico es mucho mas rápido que las piernas que tienen que llevarlo.


No entiendo a los ciudadanos de este país la saludable costumbre de exigir el cumplimiento regular de los derechos que la Constitución les otorgaba, era lógico, incluso era natural que no hubiesen llegado a darse cuenta de que se los habían suspendido.

Cuando oyó pronunciar su nombre, sintió en el corazón algo que tal vez fuese la sombra de una felicidad antigua, nada más que la sombra, pero, aún así, pensó que sólo por eso había merecido la pena venir aquí.

Cuando el nefasto suceso haya entrado en el rol de los pretéritos olvidados...



El bien y el mal no existen en si mismos, y cada uno de ellos es sólo la ausencia del otro.

Salieron pues los emisarios, con José al frente indicando el camino, y eran ellos Abiatar, Dotaín y Zaquías, nombres que aquí se dejan registrados para eliminar cualquier sospecha de fraude histórico que pueda, tal vez, perdurar en el espíritu de aquellas gentes que de estos hechos y de sus versiones hayan tenido conocimiento a través de otras fuentes, quizá más acreditadas por la tradición, pero no por eso más auténticas.

Por eso José no duerme, o sí, duerme y en ansias despierta, atraído hacia una realidad que no le hace olvidar el sueño, hasta el punto de que puede decirse que despierto sueña el sueño de cuando duerme y, dormido, al mismo tiempo que intenta desesperadamente huir de él, sabe que es para volver a encontrarlo, otra vez y siempre, este sueño es una presencia sentada en el umbral de la puerta que está entre el sueño y la vigilia, al salir y al entrar, tiene José que enfrentarse con ella.

Las evidencias de la obviedad cortan las alas al pájaro inquieto de la imaginación.

Siendo Dios, tienes que saberlo todo, Hasta cierto punto, sólo hasta cierto punto, Qué punto, El punto en que empieza a ser interesante hacer que ignoro.

lunes, 14 de junio de 2010

Del desayuno a los sultanes del swing

"Qué son los franceses? Antiguos cristianos y herejes modernos" (Mujer y sociedad, de Lidia Falcón)

Es difícil explicar cómo llega uno a una barrabasada como esta frase. En un desayuno rodeado de feminismo y lucha constante y ejemplar por la igualdad tácita y sin matices, alguien cita un libro que empiezas a hojear y te tropiezas con este atropello.

Hoy iba a haber amanecido en Valladolid, pero por eso de evitar madrugar y ajustar los sitios vitales, amanecí en Zamora con mucho sueño gracias al talento combinado de Rondo-Garnet-Allen-Pierce que juegan a esto del baloncesto como en un manual de sutilezas.

Desayuno de trabajo y rodeado de mujeres que hablaban de ellas mismas y del resto, quizá de tópico en tópico, pero el problema es que, por desgracia, aún no es un concurso de obviedades, porque esos tópicos feministas siguen, tristemente, vigentes. En el camino de la igualdad me imagino que un hombre joven haciendo la compra de la semana es un pequeño granito, pero quizá tampoco aporta algo, aunque sea como atrezzo del decorado del supermercado. Preparación de comida y cena del tirón, para que algún iluminado que anda por estos lares tenga tiempo y descanso para eliminar las agujetas que ocasiona el típico a que no hay cojones a... seguido del vamos a probar a subir por ahí a ver qué hay después...

Y siesta, por una vez y, si hace falta, que sirva de precedente. Para aguantar dos horas a la espera de los candidatos a presidir el Zamora Club de Fútbol; quién me lo iba a decir a mi hace menos de dos años; que me estaría riendo en las oficinas del Ruta de la Plata, con algunos compañeros agradables y otros que pensaban que estaban ante el acontecimiento informativo del año. Nada más lejos de la realidad. Nadie se ha presentado diciendo que iba a fichar a Figo, ni nada parecido. Habría sido gracioso, desde luego.

He salido del periódico a las 22.30, justo doce horas después de que hubiese empezado una jornada laboral atípica, otra más. He vuelto a casa masticando el aire húmedo, que anuncia más dudas sobre la lluvia, los chuvasqueros en este atípico paso de la primavera al verano. Entonces me he puesto el Sultans of swing de los Dire Straits y he empezado a pensar lo que va a ser escuchar esto en Gredos... y como dice un buen amigo, estaba a gusto y tenía ganas de contarlo. Espero que ahora también lo estés.

miércoles, 9 de junio de 2010

Principios tendentes a cero

"Antes era un hombre de principios, ahora soy un hombre de ceros" (Manuel Herrera)


Lo aprendí de Woody Allen hace muchos años, por suerte. Tragedia más tiempo igual a comedia. Por lo que he ido percibiendo, dependiendo de la tragedia es necesario más o menos tiempo. A veces, incluso, casi un año para llamarle a alguien enana y hacer un chiste sobre ello. Cosas que pasan. Lo bueno es que hay tragedias que casi en si mismas se convierten en chiste.

Pero esto no iba de eso y me estoy desviando, para variar, culpa de las horas y de la ausencia de palabras coherentes cuando escribo a última hora, después de que una letra, el habla y un punto cardinal, me hayan arrebatado ya antes las pocas que tenía.

Ayer vi un documental de los dos guionistas de How i meet your mother que explicaban cómo se habían inspirado en sus propias vivencias para plantear la serie. Hoy, escuchando las historias de los amigos que me rodean, me pasa algo similar. Me inspiran.

Desde que empecé a conocer a alguno de los que más que amigos terminarían siendo verdaderos escuderos ante la adversidad, siempre sentí fascinación por los cuentos en los que te hablan del honor medieval, de tiempos en los que principios como la lealtad y la generosidad tenían sentido y se podían reconocer en las actitudes de las personas a las que se respetaba.

Después lo he echado en falta en muchas ocasiones, incluso recientemente, quizá más por confusión que por deseo expreso, pero la omisión también es una acción, o su ausencia, pero para el caso es lo mismo. El tema es que es un lujo cuando uno percibe y le cuentan historias sobre mantener los principios a toda costa, incluso de repetir la loseada solo por el valor de saber qué era lo correcto, no lo legal, pero sí lo leal, que es más importante.

Que por mantener los principios te ganas un cero; pues una putada. Pero ahí queda eso, y quiero pensar que yo también lo habría hecho y también pensaría en repetirlo. Y mira tú por dónde, a lo mejor el destino te brinda la oportunidad de hacerlo otra vez. Aunque en futuras ocasiones, mira por el retrovisor primero.

viernes, 4 de junio de 2010

Las constantes

¿Cómo sé que no estoy alucinando? (House)

Aunque me desenganché de Perdidos suficientemente pronto como para no desilusionarme con el final, reconozco que hubo alguna idea en la serie que sí me gustó y me llamó la atención. Hay un momento, creo que en la cuarta temporada, en el que el científico le dice al "colega" que será su constante en caso de que la situación se volviese aún más loca y comenzaran los viajes desmedidos por el tiempo. Cuando vine a Zamora pensé que me vendría bien tener algún tipo de constante, algo a lo que recurrir y que le diese continuidad a lo que estaba haciendo y que permitiese al Isaac del futuro reconocerse en aquellos inicios del 2009.

Así que qué mejor que una serie. Los Soprano. Vi el primer capítulo viniendo en autobús el día que me instalé en la calle Valdivia y el último a finales de junio, en aquél mismo piso y ya con Miguel. Pero dio resultado, le dio entidad a un tiempo convulso. Así que después de pasar una temporadita en el hospital, repetí, esta vez con The Wire, casi hasta final de año, no Miguel?

Hoy he terminado, temporalmente, con otra constante, una a la que llegué tardé pero que me enganchó y no me ha soltado. House. No me extraña que haya quien quiera ser guionista cuando se pueden contar historias tan cojonudas. De verdad, para quien no la haya visto, mi más sincera recomendación que empiece desde la primera temporada y aguante algunos baches para llegar a los finales de la cuarta y, ahora, la sexta temporada. Porque eso no es una serie, es algo más, es la avanzadilla de la historia del cine. Aunque suene pretencioso. Hermano, esa será siempre nuestra constante. Una de tantas, por suerte.


Lo bonito es que hay constantes con las que uno se tropieza de pura casualidad y no dejan de sorprenderle.

Así que Y si amanece por fin y el sol incendia el capó de los coches,
baja las persianas y quizá bailemos, aunque sea con el pie vendado y sin vino. Ya nos hemos olvidado del reloj, eso que llevamos adelantado. ¿Por qué comerse un marrón cuando la vida se luce poniendo ante ti un caramelo? Gran pregunta y después una vez más la misma constatación, que la vida sigue siendo demasiado aburrida como para no intentarlo.

domingo, 30 de mayo de 2010

Lealtades varias

Alzaros una y otra vez, hasta que los corderos se conviertan en leones (Robin Hood)


Cuando me alejo de la dirección que encabeza estas palabras, últimamente me pierdo un poco. Es como que las cosas no están donde las dejé; de hecho, hay cosas que ya ni están allí. Como si ya no fuese mi sitio. Todo cambia pero todo sigue igual. Y, a veces, es jodido aceptarlo, que esto sigue, que nada ni nadie se ha parado, que las calles donde antes había alguien esperando ahora están vacías...

Pero luego hay días en los que se crea una burbuja y todo alrededor da igual. En un primer momento a lo mejor no te das cuentas. Te lo tomas como una "noche de colegas" más. Pero hay algo que ha cambiado, no sólo por el anuncio, por saber que en unos meses sí habrá algo que ya no se moverá; sino por la complicidad, por constatar que podemos seguir poniéndonos igual de moñas y comprobar que lo que separa la distancia lo acerca un abrazo.

Entonces recuperas el concepto de la lealtad y vuelves a valorarla y a apreciarla cuando desaparece, cuando no la encuentras donde pensabas que estaría. El gran Máximo sabía que allí donde estuviesen sus tropas le serían fieles. Pero no siempre es así, ahora crecen los disidentes de la lealtad, incluso antes de darte la puñalada, ya intuyes que no va a terminar bien.

Pero sabes, tronco, da igual. Quizá no hace falta un ejército. Quizá sea suficiente con un par de escuderos, aunque estén en otra ciudad, incluso en otro país, o cruzando el pasillo. Lo curioso es que cuando una semana empieza con el viento soplando a favor, luego pasan cosas curiosas, como conocer a una vecina y que no te importe ver una peli mala porque lo bonito del cine sigue siendo compartirlo e incluso... bueno, incluso te animas y compras un par de baberos, para una cena sin vino ni queso, pero rica, rica.

martes, 18 de mayo de 2010

La radio de la cocina

"Gracias por elegir la radio" (Paco González)

Está encima del frigo, enchufada a un enchufe sin mucho sentido que está en medio de la pared, justo de frente según entras en la cocina, a la altura perfecta para encenderla con un mero acto reflejo. Es la radio de la cocina, siempre lo ha sido, desde Neptuno 22 hasta Alonso de Tejada 17, pasando por aquél piso frente al Acueducto. Siempre en la cocina. Es negra, pequeña y solo tiene dos ruedecitas, para subir el volumen y sintonizar la emisora. Es uno de esos objetos que terminan siendo parte de ti, de tu pequeña intrahistoria y, además, en mi caso, de esos que terminas por apropiarte y llevarte contigo.

Con ese aparato aprendí que me apasiona la radio. Hace años empecé a escucharla a todas horas. Por la mañana a las hormigas de No Somos Nadie y a Iñaki Gabilondo cuando tenía clase por la tarde, después Hora 14 mientras ponía la mesa para comer y a Gemma Nierga y su ventana durante toda la tarde. Pero había dos programas a los que era especialmente fiel: Hora 25 con Carlos Llamas, la voz de mis cenas durante años, a José Ramón de la Morena y su Larguero y el Carrusel Deportivo dirigido por Paco González.

Ahora la radio de la cocina está un poco más huérfana, cada vez la uso menos. Las hormigas pasaron a la tele y perdieron la esencia y a Gabilondo lo han ido arrinconando poco a poco. Las sustituciones han sido un quiero y no puedo, que hacen que termine por poner música.

Carlos Llamas se murió y mis cenas quedaron en silencio y así siguen y seguirán.

El Carrusel Deportivo era una manera de pasar las tardes del fin de semana, de hacer tiempo antes de salir y de conseguir energía para limpiar, la habitación antes, el piso ahora.

Pero ahora Paco González no está. Tensiones con los jefes, discrepancias... me da igual. Al final, son más horas de silencio para los que encontrábamos una cálida sonrisa durante horas de radio.

Y mientras tanto, la radio sobre el frigorífico espera recuperar aquellos días en los que terminaba cansada de transmitir tantas voces...

miércoles, 5 de mayo de 2010

A orillas del lago

Hay un chorro de agua inmenso, a orillas del lago, en Ginebra. Fascinante. No recuerdo la altura que tiene, pero sí que la primera vez que estuve allí nos costó varios intentos verlo en funcionamiento por el viento... Ahora ya voy con la confianza y la seguridad de que no es necesario hacer turismo que podemos ir, simplemente, a hacer una mudanza, como si vivieses más cerca. Allí uno sale a dar una vuelta y termina en el Gold and Platinum que parece el paraiso. Entonces los recuerdos se disitan, se va la rabia y un poco de la lástima y, aunque no sea tan bonito como un viaje a cuatro, nos basta y nos sobra así. Y eso es muy grande.

Y vuelves y vienen las consecuencias, la tos, la fiebre, el cansancio... pero vuelve a sonar el One Step Closer y las palabras salen ordenadas, una detrás de otra, aunque sea quitándole minutos al descanso, apurando los últimos segundos del día.

Uno sabe que está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única en el mundo. Lo decía Borges y cuánta razón tenía. Llevándolo a lo terrenal, uno se da cuenta de que está asimilado en un lugar, en una ciudad, en un piso, cuando al entrar siente que está en su hogar, en su pequeño rincón donde guarecerte del frío en los días que te pillan solo con una chaquetilla como este. Aquí tengo uno así. Allí has diseñado otro. Y eso es un lujo que hay que saber valorar. Por eso seguimos a la distancia de un abrazo.